Consecuencias psicológicas de la guerra en la población en general

Consecuencias psicológicas de la guerra en la población en general

Llevamos unos años que parecen sacados de un filme de ciencia ficción con tantos escenarios que nunca hubiéramos imaginado que fuéramos a vivir. Los años de pandemia han dejado huella en la sociedad y cuando parecía que recuperábamos un poco la normalidad, vuelve a Europa el terror de la guerra que está dejando miles de muertos y que, aunque la mayoría de personas europeas no la viva en primera persona, también tiene impacto. Hoy queremos abordar las consecuencias psicológicas de la guerra en la población en general.

Vivir una guerra es un hecho a todas luces traumático y que genera diferentes problemas de salud mental en las víctimas o en la población que la vive de cerca. 

Recientemente hemos hablado en el blog de Aila, por ejemplo, del síndrome de Ulises, el trastorno de estrés postraumático y el trastorno de ansiedad por separación. Todos podrían considerarse secuelas de la guerra que están viviendo miles de ucranianos. Sin embargo, en el resto de Europa la huella también deja otras heridas invisibles y que pueden durar largo tiempo.

Las consecuencias psicológicas de la guerra

Cuando en los medios de comunicación se habla de la guerra, suele hacerse en términos de avances militares, declaraciones políticas o cifras de víctimas. En el caso de las redes sociales, a menudo se muestra la parte más humana de la guerra, con testimonios reales, aunque, para qué negarlo, con cierto tono de morbo por el dolor ajeno.

Para poder obtener información sobre las consecuencias psicológicas de la guerra hay que buscar fuentes más especializadas como, por ejemplo, este blog. Desde que Ucrania fuera invadida por Rusia el 20 de febrero de 2022, hemos visto todo tipo de titulares y vídeos sobre la guerra, pero… ¿Cómo afecta al resto de la población, la que no vive la guerra en primera persona, esta “exposición” a un conflicto bélico que nunca antes nos había tocado tan de cerca?

Todo lo que sucede a nuestro alrededor, con menor o mayor fuerza, tiene impacto en nuestra vida. Por ejemplo, la pandemia tuvo un impacto directo porque nos dejó confinados. Evidentemente, para las personas que vieron morir a sus familiares, se quedaron sin ingresos o perdieron el trabajo el impacto fue aún mayor. 

En el caso de la guerra de Ucrania, se trata de un fenómeno que suscita todo tipo de opiniones y nos arrebata la tranquilidad que parecía que estábamos consiguiendo al recuperarnos de la pandemia. Una tranquilidad que, en el caso de algunas personas, puede afectar a su salud mental.

consecuencias psicológicas de la guerra de Ucrania

XX consecuencias psicológicas de la guerra de Ucrania en la población en general

Hace cerca de 3 meses que comenzó la guerra entre Rusia y Ucrania y… parece no tener fin a corto plazo. Más allá del evidente impacto de este conflicto a nivel económico, internacional, etc… La guerra también tiene efectos psicológicos en las personas aunque no la vivamos en primera persona. Estas son algunas de las consecuencias en la salud provocadas por la guerra.

Es una de las emociones más básicas, y también más desagradables, que experimenta el ser humano cuando siente que está abocado a un peligro, ya sea real o supuesto. Relacionamos la guerra con la muerte y las víctimas pero, en nuestro día a día, un conflicto bélico internacional también nos genera incertidumbre y miedo a lo desconocido. 

Según datos de la OMS, las personas que viven la guerra en primera persona pueden sentir depresión, estrés postraumático, ansiedad o bipolaridad, entre otros problemas de salud mental. En el caso de ciudadanos como los españoles que somos testigos indirectos del conflicto, las imágenes y testimonios que nos llegan pueden sembrar en nosotros el miedo, la ansiedad, un sentimiento de pesadumbre o, en casos más graves, depresión. 

¿Llegará la guerra a Ucrania? ¿Dónde iría y qué haría si España se viera involucrada en la guerra? ¿Qué pasaría con mi trabajo, con mi casa y mi familia? Seguro que, especialmente en los primeros días de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, te hiciste alguna de estas preguntas. 

Es normal. Aunque la guerra no nos afecta de forma directa, Ucrania es un país de nuestro continente y Europa hace 77 años que no vivía una guerra. Por lo tanto, la mayoría de la sociedad es la primera vez que se enfrenta, aunque sea a través de las pantallas y no en el campo de batalla, a un conflicto bélico y al estrés que supone. 

La mayoría hemos leído o conocemos información, casos y cifras sobre la I y II Guerra Mundial, pero, evidentemente, no sufrimos sus consecuencias ni hemos pasado por una experiencia similar. 

La guerra hoy en día es, para la mayoría de personas, algo inconcebible, que no debería pasar nunca. Damos por sentado que las guerras son económicas, geopolíticas o tecnológicas, pero no sobre el terreno. Por eso, ver imágenes de personas, como nosotros, que de un día para otro lo han perdido todo y tienen armas entre sus manos para defender su país, hace que nos pongamos en su lugar, aunque eso implique sentir miedo, agobio o ansiedad, especialmente en las personas con hijos.

Aunque Ucrania forme parte de Europa, la guerra no afecta igual a los ucranianos que a los españoles. En este sentido, la distancia, tanto física o emocional, es un factor clave cuando hablamos de la consecuencias psicológicas de la guerra en la población en general. 

Físicamente hablando, mientras mayor distancia haya entre un país de Europa y Ucrania, menor será la sensación de miedo o ansiedad por el conflicto. Los habitantes de Polonia o Moldavia, países que colindan con Ucrania, sienten mucho más miedo que en España ya que viven la guerra más de cerca y por lo tanto hay mayor riesgo de verse involucrado en el conflicto. 

Desde un punto de vista emocional también existen las distancias. No nos sentiremos igual si no conocemos a nadie de Ucrania que si tenemos algún familiar o amigo cercano que está siendo víctima de la guerra. Mientras más cercanos nos sintamos del conflicto o de familias o personas que lo están viviendo, más afectados nos veremos al sentir miedo, agobio, ansiedad,… 

Sentir angustia o tristeza cuando vemos las imágenes de la guerra o escuchamos la cifra de fallecidos… es normal. Hay personas que incluso pueden llegar a tener dificultad para dormir. 

Esto suele suceder porque nuestro cerebro se ve expuesto a un volumen y un tipo de información que no es capaz de asumir y procesar, incrementando la adrenalina y provocando que tengamos una visión distorsionada de la realidad. Esta abundancia de información a la que nos vemos sometidos tiene nombre propio: infodemia.

En este contexto, es importante destacar que tener una buena salud psicológica puede ayudarnos a relativizar la situación y también a relativizar otros problemas a los que otorgábamos una gran magnitud y que, viendo la situación de guerra, quedan relegados a un segundo plano. 

En definitiva, una consecuencia psicológica de la guerra es que nos ayuda a relativizar y dar a las cosas la importancia que realmente tienen, sin llevarlas al extremo.

¿Cómo evitar las consecuencias psicológicas de la guerra?

La guerra no va a desaparecer de la vida real ni de nuestras pantallas en un tiempo, igual que la pandemia. En este sentido, la mejor recomendación que podemos dar, más allá de la terapia psicológica, es poner líneas rojas. 

No se trata de dejar de informarnos para darle la espalda a la realidad. Aquello de “ojos que no ven, corazón que no siente” es una falacia y no es la solución. La solución pasa por establecer límites. Por ejemplo, dedicar como mucho 30 minutos al día a informarnos sobre la guerra y solo a través de canales concretos como los servicios informativos o cuentas oficiales o de medios de comunicación.

Poner freno al exceso de información o a las redes sociales te ayudará a rebajar la sensación de miedo, ansiedad y angustia. Sin embargo, si sientes que esta situación te está superando y no consigues parar el miedo o el agobio, hacer terapia psicológica también te puede ayudar a ver la realidad desde otra perspectiva y mejorar tu salud mental.

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